El Camino es como un gran río, sus energías fluyendo incesantemente desde las alturas de la Fuente hasta el océano de la manifestación y de vuelta.
2 Cada alma es una gota en este río, aparentemente separada pero fundamentalmente una con el todo.
3 El curso del río está moldeado por el paisaje del karma, serpendeando a través de los valles de la experiencia.
4 Algunas gotas se aferran a las orillas, temiendo el viaje, mientras otras surgen hacia adelante en la corriente veloz.
5 El Caminante sabio aprende a fluir con el río, sin resistir su poder ni intentar controlar su curso, ni intentar empujar el río.
6 A lo largo del camino, el agua se purifica — a través de rápidos de desafío, pozas quietas de reflexión, y caídas de transformación.
7 El río nutre todo lo que toca, así como El Camino sostiene toda la creación con su energía vital.
8 A veces, el río puede parecer desaparecer bajo tierra, sin embargo siempre reemerge, así como la verdad resurge en cada era.
9 El viaje del río no se trata de alcanzar un destino, pues el océano está siempre presente dentro de cada gota, y la Ley del Retorno Cíclico está siempre en acción.
10 Más bien, para el alma humana se trata de la transformación que ocurre a lo largo del camino, la realización gradual de nuestro verdadero potencial y naturaleza futura.
11 Al final, cada gota se fusiona con el vasto océano de nuestro Cielo, perdiendo su antigua forma, asumiendo la nueva forma superior, una forma de plasma.
12 Que el Caminante contemple este símil profundamente, porque al comprender el río, comprendemos nuestro propio viaje espiritual.