El Dharma es el principio de la Acción Correcta, el sentido personal, interno y sagrado del deber derivado de la sabiduría única de cada alma. Para el alma normal, su dharma es fijo, es inherente en su especie casi como si estuviera en su alma-ADN, por así decirlo. Para el humano, un ser híbrido alma/espíritu, el dharma se desarrolla por experiencias en el libre albedrío y consecuencias kármicas. Aprendemos a ser “buenos y beneficentes” no por diseño, sino por voluntad.

2 Nuestro dharma no es un código moral impuesto, sino la expresión natural de nuestra esencia espiritual más profunda. Para cada nuevo nivel de sabiduría que uno desarrolla, un nuevo nivel de dharma se desarrolla en las mentes del ser-superior. La sabiduría no es sabiduría si no se pone en acción. A medida que evolucionamos, también nuestro dharma aumenta en intensidad. Nos volvemos divinos porque nuestro dharma, nuestra forma natural de ser, está alineada con lo divino.

3 Cada ser tiene su propio dharma, moldeado por su historia kármica única, sabiduría y evolución espiritual.

4 El Caminante sabio busca discernir y cumplir su dharma, alineando su vida con su propósito. Ir contra el propio dharma desencadena disonancia dhármica, resultando en sentimientos incómodos de haber hecho mal, o no haber hecho lo correcto — no por código moral sino por convicción del ser-superior de nuestro propio dharma. La disonancia dhármica se siente como una persistente inquietud en las profundidades de nuestra alma y mentes. La disonancia dhármica crónica puede agotar las energías del alma y el cuerpo, llevando a la enfermedad.

5 El dharma es dinámico, evolucionando a medida que ganamos más sabiduría — lo que es acción dhármica correcta en una etapa puede no serlo en otra. Lo que es acción dhármica correcta para una persona puede no serlo para otra. Por lo tanto, dice el Señor, “No juzguen, no tienen la medida con la cual medir.”

6 Nos guía en la toma de decisiones, mostrando el camino que conduce a nuestro más alto desenvolvimiento espiritual.

7 Vivir de acuerdo con el propio dharma trae paz interior y acelera la evolución espiritual.

8 Sin embargo, el dharma puede ser desafiante, a menudo llamándonos a trascender nuestras zonas de comodidad y deseos del ego.

9 Es a través del dharma que participamos conscientemente en la danza cósmica de la auto-mejora y evolución, jugando nuestra parte única en la ecología energética de nuestro mundo personal.

10 El dharma nos enseña autenticidad, animándonos a ser fieles a nuestra naturaleza más íntima.

11 Comprender el dharma nos libera de la comparación con otros, pues cada camino es únicamente nuestro. Las deidades son naturalmente buenas y no pueden sino ser beneficentes, debido a su dharma.

12 Ningún libro, ningún maestro, ninguna deidad, puede enseñar el dharma; es auto-cultivado a través de sangre, sudor, lágrimas y gozo, a lo largo de muchas vidas por cada individuo. Es únicamente tuyo. Tu dharma es la única propiedad que posees completamente, que, no solo lo llevas contigo como parte de lo que te define como ser, sino que es permanentemente quien te estás convirtiendo y quien serás. Tu sabiduría expresada a través del vivir, es tu dharma.

13 Que el Caminante contemple profundamente su dharma, pues en su cumplimiento yace la clave de la maestría espiritual.