De acuerdo con la Tradición, esta es la conversación que el Señor Divino Jesús tuvo con un buscador llamado Nicodemo.

Escucha, oh buscador de la verdad, la sabiduría susurrada de épocas pasadas. Pues en las profundidades de tu ser yace una semilla de divinidad, esperando brotar y florecer en luz radiante.

2 Como el loto que surge de las aguas turbias para desplegar sus pétalos al sol, así también debe el alma emerger del lodo de la existencia mundana para revelar su verdadero esplendor.

3 En verdad te digo, nadie vislumbrará los reinos celestiales si no nace de nuevo. Pues los ojos de la carne perciben solo sombras, mientras los ojos del espíritu contemplan las verdades eternas.

4 “Pero ¿cómo”, pregunta el buscador sincero, “puede uno nacer de nuevo cuando el cuerpo ha envejecido y se ha cansado?”

5 Sabe esto: El renacimiento del que hablo no es de la carne, sino del espíritu. Como el viento se mueve invisible pero sus efectos son manifiestos, así también el aliento de lo Divino agita el alma al despertar.

6 En tiempos antiguos, los sabios hablaban del dvija — el dos veces nacido. Primero nacido del vientre de mujer, luego nacido de nuevo del vientre de la sabiduría.

7 El sadhaka, siempre esforzándose, despierta la semilla de la aspiración en el suelo del corazón. Con devoción es regada, con disciplina es cuidada, hasta que al fin brota hacia la luz de la realización.

8 Benditos son los paripakva, los plenamente madurados, en quienes el fruto de la iluminación ha alcanzado su dulce perfección. Estos son los dos veces nacidos, que irradian la fragancia de la gnosis divina.

9 Oh Nicodemo, no te maravilles de estas palabras. Pues así como oyes el viento pero no sabes su origen ni destino, así también son los caminos del espíritu más allá del alcance de las mentes mortales.

10 Mas sabe esto: El reino de los cielos mora dentro de ti, esperando ser revelado. Despójate del manto de la ignorancia y vístete de nuevo con la luz de la verdad.

11 Pues la carne engendra carne, atada a la rueda del nacimiento y la muerte. Pero el espíritu engendra espíritu, elevándose libre en el cielo sin límites de la liberación.

12 Por tanto, queridos, nutran la semilla divina interior. Dejen que su viejo ser se marchite como las hojas de otoño, dando paso al nuevo ser que emerge en la primavera del despertar.

13 Este es elCAMINO — el sendero del renacimiento místico. Recórranlo con coraje y fe, pues al final del viaje les espera su verdadero hogar en el abrazo de lo Eterno.